N2

N2
Llueve Raro.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Lo triste y lo bello.


 


Esa boca pasando la lengua por todo el glande, que privilegio él de ser protagonista de esto. La piel me explota de placer, el cuero se abre para que entre todo por los poros. La pija se hincha en mil venas de colores extraños y ese continuo movimiento de la mano puede generar perfección. La rubia se mueve al compás de la música que yo impongo, ¿Qué haríamos sin imaginación? Me pasé la vida ahorcándomela, es algo que en el pasado me daba mucha culpa. Mientras iba bajando el humo del cannabis por mi sangre todo mejoraba, la rubia que me lamía ya me decía que me quería. Y me empiezo a contraer, ese placer extremo genera miedo, escalofrío, y la pija se siente más caliente que nunca, me quema en la mano, ese maldito pedazo de carne que me hace tan feliz. Y el espejo, me intimida, apago la luz y sigue ahí. Estoy tan fumado que no puedo cambiar de lugar, me siento un idiota por sentir placer en esa situación. Ya la rubia no esta y empezaron a aparecer imágenes que me hacen sentir cada vez más incómodo con mi culpa, cosas que no deben aparecer cuando uno está ejecutando una paja. Me trago el orgasmo que venía construyendo y corro a la cocina a agarrar el cuchillo. Debería arrancarme toda la carne que cubre mi cuerpo. Basta de fingir que esta es la vida que debería llevar. Pero no hay huevos para mutilarme, sólo para intentar otra cosa. No hay nada peor que seguir viviendo. Soy un descarriado viendo pasar la vida a través de un barco masticado por miles de marineros enojados y sin hambre. Un barco al que no puedo subirme. Soy un elemento con la propiedad de flotar en el mar del fracaso y la edad es algo que no me preocupa hasta que lo preguntan. Y es una pregunta que para muchos hijos de puta se vuelve indispensable, sin saber que mutilan personalidades, desconociendo hasta donde el cuchillo lastima el hueso. Pero siguen hundiéndolo y coleccionando esas preguntas.  ¿Y vos de qué trabajas?  Siempre supe que todo depende de uno, pero es horrible planteárselo y yo no querría hacerlo. Pero ¿cuanto tiempo se puede aguantar sin hacerlo? Ya no me alcanzaba soñar con un mundo perfecto, en que una mano invisible resuelve todos mis problemas, que sólo son deudas. Me he acostumbrado a una máxima: siempre hay tiempo para deber y beber.
Mi regazo de hombre inmaduro se ha vuelto insostenible, las soluciones mágicas no llegan, el deseo de que al otro día todo cambie, que aparezca esa propuesta económica que cambiara el rumbo de ese barco masticado, que guiará, sobre todo eso, entre tanta nube, entre tanta confusión. Siempre me maneje con creencias absurdas, me apostaba a mi mismo para luchar contra mi indecisión, contra mi vergüenza, pensando que si pasaba en el cine podría pasarme a mi. Me comí todos los dramas trágicos, el cine bizarro, el pochoclo que no deja respirar en la garganta y sólo quería gritar. Debía enfrentar la realidad, pero cómo  se explica eso.

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