N2

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Llueve Raro.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Prosa AZul




El padre descansa. Su mano cuelga de la cama pesada como la de un soldado abatido. Un ventilador arroja el viento que empuja el borde de la sábana hacia arriba, logrando que flamee sin tocar la colcha. El ruido propio del aparato permite al niño moverse sin molestar a pesar del crujir del parquet. La pelota con la que juega rueda debajo de la cama, se desliza esquivando el brazo colgante y va demasiado lejos. Queda del otro lado, cercada entre el globo provocado por peso del cuerpo del padre sobre el elástico de la cama  y el brazo que impide maniobrar. Ahora la cama es un océano, y la siesta el tamaño del abismo. 

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